sábado, 1 de noviembre de 2008

Diario de viaje; la obra del despropósito o de El Escorial.

Felipe II nunca pensaría allá por 1.558, que su decisión de construir El Escorial, pasaría a convertirse en el símbolo de obras que se prolongan y parecen no tener fin, 26 años pasaron desde que tomó la decisión hasta que acabaron las obras. Por poco no vive para verlo, aunque al final se materializó en una soberbia edificación. La batalla de San Quintín tuvo la culpa, aquel desastre de estrategia militar por parte de los franceses del siglo XVI, se relaciona en la actualidad con el desatino y la falta de gestión. Y eso es lo que parece que está ocurriendo con las obras de la carretera de Burgos (la CL629 es como la llaman), entre el cruce de Poza y Peñahorada, porque de lo “arreglado” (la Mazorra y lo demás), bastante se ha dicho ya.



Aún así me resulta increíble la capacidad de sorprendernos que tienen algunos ideaobras y trazacaminos de la Junta de Castilla y León, cuando crees que ya lo has visto todo, cuales magos, sacan otro gazapo del sombrerillo. Creo francamente que desde que se popularizó el copiar y pegar informático, la personalización en los proyectos y la personación previa antes de realizarlos, se ha esfumado irremediablemente. Ahora parece que aquellas carreteras donde no luce la firma se diseñan desde google maps, porque sino es incomprensible ese extraño diseño y ese innecesario gasto.


El trazado es el principal aspecto a considerar cuando se diseña una carretera, ya que constituye el elemento del diseño más relacionado con su objetivo fundamental: permitir una circulación cómoda y segura. El trazado también constituye la implantación de la carretera sobre el terreno y por tanto condiciona los elementos estructurales y medioambientales de ella. Si este trazado se ha de desarrollar sobre una vía ya existente, bien para ensancharla, o bien para adaptarla a las condiciones de seguridad que marca la normativa actual, debería realizarse con un análisis escrupuloso del trazado existente, para no romper de manera drástica con los elementos ya instaurados en el paisaje y que ya sufrieron una mutación hostil con la construcción existente.


Esos efectos que sobre la estructura del terreno y el medioambiente incidieron de manera considerable, se van corrigiendo paulatinamente con el paso de los años, logrando por ejemplo, que las especies que habitan a lo largo del trazado establezcan nuevos hábitos de conducta ligados a esas vías.


Los preceptos que el sentido común y las buenas practicas marcan y que debían haber prevalecido en el diseño de tan fácil tramo, han brillado por su ausencia, encontrándonos en cambio injustificables nuevos tramos paralelos e inverosímiles clotoides definiendo sus curvas. Todo ello no hace más que romper nuevamente el frágil equilibrio que siempre existe en este tipo de actuaciones, destruyendo la funcionalidad de la propia vía y condicionando su implantación sobre el terreno y el medio ambiente, aparte de ser más costoso para el erario público y más molesto para los sufridos usuarios.

Cuando hace ya más de un año y en esta misma sección, jocosamente comenté la inexplicable construcción de la autovía de Pesadas, ya me temí lo peor, y el tiempo ha demostrado que las cosas se repiten pero en este caso liando la de San Quintín, el problema es que cuando las obras de El Escorial finalicen, no lo harán con el buen resultado que todos esperábamos, aún así habrá alguno que lo justificará.

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