jueves, 1 de enero de 2009

Año de nieves, año de bienes

El refranero popular tiene un dicho para cada momento y circunstancia, y el final de 2008 se nos ha presentado como el escenario ideal para que el refrán del titulo se pudiera cumplir. Otrora cuando el año agraciaba con nieves tras un seco verano, empapando la tierra y renaciendo los veneros, presagiaba una buena cosecha y por tanto un buen año.



Algunos dirán que si no se cumple el refrán es por el cambio climático, y es posible que nos les falte razón, pero la cruda realidad es bastante diferente. Ya lo predijo hace más de 70 años Miguel Hernández en su poema ‘Canción primera’: “Se ha retirado el campo / al ver abalanzarse / crispadamente al hombre”. Eso precisamente es lo que ha ocurrido, la brutal especulación urbanística a la que hemos sometido a nuestro ya de por sí herido campo, ha puesto muy cerca de la ruina técnica a muchos de los españolitos de a pie y por ende al País entero.


La cosa no pinta nada halagüeña, según la información del Observatorio Provincial de Empleo de Burgos, los datos oficiales del paro en Las Merindades en noviembre de 2.008, con respecto al mismo mes del año anterior, anunciaban que el desempleo había crecido en un 54,86%, destacando negativamente los tres sectores principales de la economía comarcal: la agricultura que se incrementó en un 68,97%, los servicios en un 41,95% y la construcción, cuyo debacle ha disparado las cifras de desempleados hasta un 122%. Y eso que aún faltan los datos de diciembre que precisamente no es ni mucho menos un buen mes, por lo que posiblemente el acumulado anual llegue hasta el 60%.


Esta información debería ser conocida por las diferentes administraciones públicas, pero no parece que hagan otra cosa que anuncios de cara a la galería o rechazar propuestas de ayudas para paliar de alguna manera los efectos de la crisis. Tampoco, en mi modesta opinión, el Gobierno ha actuado de una manera acertada, más bien la podíamos calificar de zarrapastrosa. Debería haber demostrado más habilidad para gestionar este asunto en lugar de andar haciendo juegos verbales para intentar convertir la crisis en una desaceleración. Tanto negar lo evidente que la propia crisis le ha dado en el morro. Lo malo es que para cuando le llegó el golpe, esta (la crisis) ya nos había puesto sobre los hombros a muchos españoles un pesado ubio a modo de buenos bueyes.


Primero dilapidaron el superávit del Estado con los famosos 400€, pan de hoy y hambre para mañana. Luego, actuando de una manera que a mi entender no es ni moralmente aceptable, en lugar de aprobar medidas que favorezcan la confianza de los empleadores y empleados, deciden inyectar dinero público a los bancos para que sigan teniendo beneficios a pesar de la crisis. Francamente pienso que los dineros deben estar cerca de los ciudadanos, abajo, en los pequeños empresarios, en los autónomos. No se trata de regalar o tirar la pasta, sino de ayudar. Se trata de aprobar medidas que rebajen los costes sociales a las empresas para mantener el empleo o rebajas en las retenciones del IRPF, en definitiva, medidas que devuelvan la ilusión por retomar aquellos proyectos que se han tenido que aparcar porque la burbuja inmobiliaria les ha estallado a aquellos que la crearon, y ahora no tienen dinero para prestar. Pero también han de ser muy vigilantes y no permitir que se pierdan los derechos de los obreretes que tanto ha costado conseguir y que en este momento peligran, pues muchos empleadores escudados en la crisis, bajan sueldos, despiden a lo bestia y tienen al personal acongojado, siendo incluso capaces de intentar colar, utilizando a políticos afines, una bochornosa propuesta de jornada semanal de 65 horas que nos hubiera devuelto al siglo XIX.

Con todo esto, ha resultado ser un fin de año curioso, condicionado por los alarmantes presagios de dificultades y donde las celebraciones no parece que tuvieran más remedio que hacerse dentro de una austera alegría. Pero ser generoso es el camino y aun sabiendo que este no será fácil, espero y deseo un año pleno y colmado, donde todo acabe en un leve romadizo y donde el cambio climático no afecte al refranero ni a nuestra faltriquera. Salud y feliz 2009

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