jueves, 3 de febrero de 2011

Retráteme el que quisiere, pero no me maltrate

40 minutos tardé el otro día en llegar de Villarcayo a Villasana, sin nieve y a media mañana. Tanto fue el tiempo que me permitió incluso pensar. Y pensando, pensando, llegue a la conclusión que último operario que manejó la maquina que pinta las rayas de la carretera le debieron pillar la hora del almuerzo en el tramo del alto del Cabrio a la infame rotonda de Villasana. Me explico: 14,2 km. es la distancia y solo es posible adelantar en 4 tramos que suman 1,9 km. Desde el Cabrio hasta Paradores el tío de la brocha solo la subió 700 metros. El resto línea continua que te crió, ¡6,7 Km.! Si te coge un vehículo lento, vas listo. 
Tras “disfrutar” de esos 700 metros de raya intermitente: ¡a frenar que te retratan!. Y mira por donde me vino a la memoria esa frase de Don Quijote “Retráteme el que quisiere, pero no me maltrate; que muchas veces suele caerse la paciencia cuando la cargan de injurias.” (Cap. 59 Libro II). Y a fe que es bien cierto. El maltrato llega justo desde ese punto. Es que la línea continua se antoja interminable. Y claro se le cae a uno la paciencia cuando además te sale un anuncio de la Junta en la radio donde te sueltan las bondades de las grandes obras en carreteras que han realizado. En Valladolid, supongo. ¡Joeeeer!, que dice mi sobrina. Por cierto su padre lo sufre a diario como otros muchos vecinos de Las Merindades y trabajadores que vienen a ellas.

Todo esto viene a cuento pues en estos días nuevamente se vuelve a mentar la entelequia de pago. Otra vez vuelve a surgir como quien no quiere la cosa la dos mares. Y una vez más se nos vende como algo necesario pero como que no se quiere. Y surgen otra vez las preguntas ¿Realmente a quién le interesa poner una vez más este debate sobre la mesa?. ¿Quién saca rentabilidad política a la superflua e inconsistente polémica de la ya famosa autopista?. Y Ante esto me vuelvo a preguntar. ¿No nos estaremos equivocando?.

La respuesta es clara, vuelven las elecciones. Vuelven los cuentos de la lechera. Para algunos que llevan años pisando alfombras de oro y estas se han oxidado, resulta recurrente y muy productivo culpar al contrario de sus incumplimientos. Resulta cuanto menos grotesco que desde ciertas instituciones se pida que se cumplan compromisos cuando ellos mismos no han sido capaces en muchos años de arreglar las carencias de su competencia. Ejemplos muchos pero un par de ellos de muestra: unas infraestructuras dignas o un modelo sanitario acorde para Las Merindades. 

Y bien está y así lo reclaman con toda la razón y diciendo que es una cuestión de supervivencia. Es justo eso. Supervivencia, la acción y el efecto de sobrevivir. Pero creo que esa supervivencia esta condicionada a un parámetro importante: el tiempo. No podemos sobrevivir siempre. La necesidad hace que agudicemos el ingenio y claro está, o miramos al futuro de norte a sur o nos condenamos a esperar a que se vuelvan a gastar nuestros dineros en proyectos más que cuestionables de este a oeste.

Francamente el problema principal es la resignación que estamos viviendo en esta época. Si a esto añadimos, la incertidumbre y desconfianza en la que se vive en este País, nos encontramos con que la gente realmente es maltratada, es injuriada y está perdiendo la paciencia. Esperemos que para bien. Llegan nuevamente elecciones y la cuestión está en la cantidad de vaselina, pues el culo ya lo tenemos puesto.

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