jueves, 3 de marzo de 2011

Vergüenza vienen vendiendo

Recuerdo que así se pronunciaba mi madre cuando, un día sí y otro también, preparada alguna trastada. No quedaba la cosa así, pues lo habitual era que la frase fuera acompañada de la coletilla: “mira ver si compras algo” y refrendada, dependiendo de la liada, por una o varias sonoras bofetadas que sonrojan mi mejilla o mi culo.

Y es que los antaño oficios de banastero, palafrenero, carbonero, silletero, colchonero, ladrillero, han pasado a mejor vida como el de vendedor de vergüenza. En cambio un oficio ha sobrevivido e incluso ha llegado a la profesionalidad; el de político. En este País donde uno de su deportes favoritos es la generalización no se puede meter en el mismo saco a todos y mucho menos al altruista, a ese que vive en muchos pueblos y que la política en la mayor parte de los casos solo les reporta desencuentros. En cambio otros, los desconocidos, los del traje, los puestos por el partido, esos, los profesionales de la política. Esa nueva casta de personajes desvergonzados, orgullosos y engreídos, indecorosos, atrevidos y transgresores que pueblan los hemiciclos, esos que posan sus nalgas como decía Potato, donde se hace la Ley.

Y es que recientemente ha aparecido en el DB un interesante y oportuno reportaje a cuyos protagonistas les debería preocupar. El título del mismo no podía ser más elocuente y demoledor: “Esos grandes desconocidos”. En el reportaje, a modo de encuesta, se preguntaba a 16 personas por cuestiones sobre política y políticos que intentara conocer el grado de conocimiento que se tiene sobre nuestros políticos, particularizando sobre los que dicen representarnos como Procuradores en Valladolid. Y la verdad es que sentí vergüenza ajena al leerlo. Y me sentí así porque ni los del periódico ni los que allí estábamos fuimos capaces de contestar correctamente. ¿Quién tendrá la culpa: nosotros por ser despreocupados o ellos por no preocuparse?.

No deja de ser alarmante que después de 28 años de Estatuto de Autonomía no sepamos ni quienes nos representan, ni cuantos son, y mucho menos que leches hacen allí. Se entiende que han de saber lo que los ciudadanos queremos y demandamos. Pero, ¿como lo van a saber si ni siquiera les conocemos?. ¿Cómo nos van a escuchar si cuando visitan un lugar lo hacen con un sequito real infranqueable?. De todo esto se desprenden dos cosas ciertas: que el desconocimiento de los ciudadanos de esta institución hace de ella un coto cerrado de sentadores bien remunerados y bien aleccionados. Y la segunda certeza es que las decisiones se toman en los partidos y según sean sus intereses. Dos ejemplos de ello. Un profesional de la política, Vicente Orden, se despide después de 20 años de Presidente de la Diputación y no agradece el apoyo de los ciudadanos hacia su persona durante tantos años, no, en su despedida lo dice claro: «estoy a disposición del partido, hasta para coger la escoba y barrer, porque soy un hombre de partido desde hace muchos años y estaré allí donde él considere oportuno». ¿Pero será si los ciudadanos quieren?. O quizás, señor Vígara, ¿el partido está por encima de los representados?. Otro ejemplo, el 20 de diciembre se aprueba la Ley de la comarca de El Bierzo. Pues bien, se aprueba por acuerdo unánime del PP y del PSOE, que además se lanzan piropos por lo realizado y lo bueno que es para Castilla y León. En cambio solo mencionarles que Las Merindades tienen el mismo derecho y que nos traería el mismo beneficio y el PP se pone de uñas y dice que nanay. En El Bierzo al partido le interesa y en Burgos como lo tienen seguro, les da igual lo que digamos.

Pero llegan otra vez elecciones y estos desconocidos bisiestos pasaran por estas tierras quejándose de la Mazorra. Llegaran como cuando Sancho Panza visitaba las tierras de su ínsula y así lo relataba el cronista: «llego Sancho a un lugar de hasta mil vecinos, diéronle á entender que se llamaba la ínsula de Barataria, o ya porque el lugar se llamara Baratario ó ya por el barato con el que se había dado el Gobierno».

Bien esta y aprovecho estas líneas finales para felicitar y dar aliento a esos miles de personas que trabajan en silencio por su pueblo sin recompensa por ello y les recuerdo una palabras de la sibilina Altisidora que también en el Quijote nos recuerda que no necesitamos acudir al vendedor de vergüenza ya que Más vale vergüenza en cara que mancilla en el corazón” (Cap. 44 Libro II). Salud.

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