jueves, 14 de julio de 2011

El diputar y el reputar

De hace un tiempo a esta parte son incesantes los comentarios sobre la necesidad o no de las diputaciones. Algunos políticos pian un día y desmienten lo piado al día siguiente con las orejas rojas. Pero realmente ¿qué son y para qué sirven actualmente las Diputaciones Provinciales?. ¿Cómo se sitúan ante la Administración Central y las Autonómicas? ¿qué trozo de tarta reparten y cuanto nos cuesta?

En su momento, los padres de la Constitución no parece que pensaron en que hacer con ellas y como consecuencia de esa imprevisión las diputaciones provinciales, concebidas como ente local, se han quedado como en medio de ningún sitio, tanto a nivel político, como de competencias. Están reguladas por el Estado y por las CCAA y estas últimas, más jóvenes y con ganas de consolidar y ampliar su poder todo lo posible, las han dejado en dificultades para justificar su existencia, ya que actualmente el espacio intermedio entre el municipio y el Estado son precisamente las autonomías. Aparte éstas son elegidas directamente por los ciudadanos, mientras que las diputaciones lo hacen indirectamente mediante los concejales de los partidos más votados en cada partido judicial. Eso sí, dos cosas son claras, proporcionan empleo público en cantidad, o lo que es lo mismo, bastantes favores, y por otro lado son un lugar de esos que a los políticos les gusta estar por su discreción. Aún así la Ley dice que la existencia de una administración, por más territorial que sea, tiene que ser suficientemente justificada.¿?

Dicho esto vamos a lo sencillo. Castilla y León cuenta con nueve diputaciones, todas ellas gobernadas por el PP y con un presupuesto que pasa los 700 millones en 2011. Por localizarnos, Burgos, ocupa el tercer lugar con 102 millones solo superados por León y Valladolid, y en ese orden. Su principal cometido es la ayuda en la gestión de aquellos municipios de menos de 20.000 habitantes, o sea, todos los de la provincia menos Burgos, Aranda y Miranda. Para ello se nombra a 25 diputados de toda la provincia. Sabiendo ya lo que son, hacen, y que pastel manejan, centrémonos en Burgos y veamos lo que nos cuesta la gestión de 102 millones y quienes deciden en que y como se gastan las migajas que se invierten.

Hemos dicho que la elección de los 25 diputados es por partido judicial, pero curiosamente, en esta elección de diputados, también entran las tres ciudades sobre las que no tiene competencias y que copan, 21 de los 25 asientos. Los otros cuatro son de Las Merindades, La Bureba, Lerma y Salas, justo el conjunto de las poblaciones a las que se ha de reputar. Por tanto ¿podría explicarme alguien qué sentido tiene que diputen concejales de Burgos, Aranda y Miranda? ¿No es la Diputación un ente para poblaciones de menos de 20.000 habitantes?, ¿Entonces, porque decide alguien no competente?. ¿Porqué, si aceptamos su existencia no se modifica su modelo de elección y que sea como en el País Vasco donde los ciudadanos votan directamente a sus representantes?

Ahora toca la pasta. Hemos dicho que la Diputación de Burgos tiene para este año 102 millones de presupuesto. Bien, pues solo el 14,85% es para inversiones. Tócate los pies. En sencillo. Para que los diputados de Burgos, Aranda y Miranda repartan 15 millones de euros en toda la provincia, se han de gastar más de 66 millones en gestión. Tela marinera. El resto se lo llevan una serie de gastos de servicios sociales y asistenciales, cuya competencia es claramente de la Junta. También resulta curioso que la mayor parte de los organismos y empresas públicas dependientes de la Diputación están ubicadas en Burgos, ciudad en la que tiene una importante presencia no solo en edificios, sino en empleados y servicios. De esto último llama poderosamente la atención una Academia de Dibujo, con sede en el paseo del Espolón, con 160.000€ de presupuesto y que francamente pocos vecinos de la provincia podemos disfrutar. O el apoyo con 30.000€ a la Fundación Burgos 2016 o con otros tantos al aeropuerto, o los 25.500 que se pagan al capellán visitador. (http://www.burgos.es/institucion/presupuestos-generales/presupuesto-general-2011)


Desde mi punto de vista, las diputaciones deberían tender a desaparecer en beneficio de las comarcas y las áreas metropolitanas, pues es claro que no se adaptan al actual marco político y al escenario económico en el que nos encontramos, siendo mas bien generadoras de  duplicidades y solapamientos administrativos y de servicios ya que no cuentan con las competencias suficientes, inherentes o atribuidas, que justifiquen su existencia. La solución sería la cesión de sus competencias, personal e instalaciones a las Delegaciones Territoriales, a los ayuntamientos y las mancomunidades en cada comarca, esto permitiría ganar en cercanía, en eficiencia y en control democrático en el entorno rural, ahorrándonos una pasta y de paso eliminando miles de altos cargos políticos e inversiones costosas comparadas con sus resultados.
         Salud.

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