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jueves, 13 de octubre de 2011

“La escoba al revés detrás de la puerta”

He de reconocer que nos no es de verbo extendido. Tengo claro, muy a mi pesar, que son más las veces que me cuesta menos juntar palabras sobre un papel que procurar que las mismas salgan por su natural lugar con el mismo orden. Es por eso que en mi faltriquera nunca faltan el papelin, la servilleta o el trozo de cuartilla, con algunas notas que luego me sirven para lanzarles este corrido. ¡Y es que mira que es sabio el pueblo!. Aunque a muchos, ya se sabe, que no les gusta ese saber del lugareño, pero este que escribe tiene la afición de escuchar, porque seguro siempre se aprende algo. Evidentemente este deporte está contraindicado para el voceras que solo gusta de alegrarse sus oídos, aún a sabiendas de la maldita gracia que nos hace a los demás su filosofía de sabelotodo y sus batallitas. 

Al hilo de esto, escuché una vieja costumbre que existía y aún existe. Se trata de colocar la escoba al revés detrás de la puerta para ahuyentar al pesado o para apremiarle a que coja las de Villadiego. Y la verdad es que aparte del dicho anterior, no estaría demás llevar en ristre una escoba para darle en las costillas a más de uno, pues no será por que no lo merecen. Pero lo bueno sería que los bedeles de los parlamentos pusieran una detrás de la puerta para que no entraran sus señorías, porque ya les vale. Vamos que ahora resulta que según Rajoy este País necesita una Ley de transparencia. Joeeeer, diría mi sobrina, que menos mal que aún no se entera, que si no agarraría la escoba la primera. Es que hacen falta bemoles. ¿A ver si resulta que en España, en lugar de cambiar a los políticos, hay que cambiar a los ciudadanos?. Vamos hombre. ¿Y este será el próximo Presidente?. Ufff… que pereza.

Y ante esto que haces (la expresión hacemos queda lejos del vocabulario y las intenciones de la gran mayoría), pues fácil: perseguir y exigir a toda costa a los políticos que escuchen a los ciudadanos, que al fin y al cabo somos quienes les subvencionamos sus poltronas. Pero es que parece que estamos volviendo al modelo social del siglo XVI, pues se están diluyendo las clases medias en beneficio de la aristocracia del pelotazo y el chanchullo y de una inmensa e hipotecada plebe urbana, pues de la plebe rural poco queda. Y todos sabemos quienes son los culpables: esos que sobrevaloraron la ilusión vendiendola como ladrillo. ¡Como las colocaban!. ¡Que majos!. Lo normal era escuchar: “no solo me han dado dinero para la casa, sino para el amueblarla y cambiar de coche”. Eso si, pagabas los muebles a precio de hipoteca. Buen negocio para el que de la noche a la mañana te deja sin lo pagado, sin casa y sin coche. Ahora de aprobar una Ley de dación en pago -que la entrega de la vivienda sea suficiente para cancelar el préstamo-, ni hablar, que eso beneficia al pueblo, no a los mercados. Y así, en febrero de 2011, PSOE y PP rechazaron tramitar una proposición de Ley que reclamaba cambiar la legislación hipotecaria para obligar a los bancos a aceptar la dación como pago.

Está claro que ni uno ni otro están por la labor, pues todo esta atado y bien atado. Las leyes a su acomodo y los ciudadanos sumidos en una especie de abducción mental. No parece que queramos ver las cosas. Preferimos creer las promesas que nos vuelven a lanzar los mismos que no las han cumplido y que han sido incapaces de ver la que se avecinaba. Los mismos que ahí siguen, que volverán a mostrarnos su mejor sonrisa en un cartel a todo color a la búsqueda de perpetuarse en el cargo y en el sueldo, como si muchos no supiéramos ya que todo es mentira. Creo que los españoles debemos salir a reclamar lo que es nuestro y poder decidir. Necesitamos buenos administradores, que los hay, que gestionen los bienes y los intereses de nuestro País con un contrato de despido libre y si no lo hacen bien, a la calle y sin paro. Que beban de su medicina. No necesitamos chupópteros ni atontagallinas. Ya vale de prometer hasta meter y una vez metido se jodió lo prometido.

En noviembre tenemos ocasión de empezar con esa lucha y por ello me gustaría acabar con un fragmento del encuentro de Don Quijote con los cabreros, donde elogia tiempos pasados en los que la propiedad privada no enturbiaba las relaciones humanas y las preocupaciones económicas no embargaban al hombre: «¡Dichosa edad y siglos dichosos aquellos a quien los antiguos pusieran nombre de dorados; y no porque en ellos el oro, que en esta nuestra edad de hierro tanto se estima, sealcanzase en aquella venturosa sin fatiga alguna, sino porque entonces los que en ella vivían ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío!. Eran en aquella santa edad todas las cosas comunes.» (Cap. 11, Libro I). Salud.

1 comentarios:

Tammystyle dijo...

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