jueves, 4 de julio de 2013

“de pactos, pahtos, partos, patanes, bribones y malandrines”


Un bloguero muy seguido por estos lares de la Villa y corte hacía una ocurrente mención al reciente pacto PP-PSOE con el siguiente tuit: «En democracia en #España, siempre hay, por lo menos, un gran pacto entre Caín y Abel, hoy x ti, mañana x mi…» Y es verdad, no son capaces públicamente, ni aquí ni en ningún sitio de ponerse de acuerdo ni para ir a coger euros, y quieren hacernos creer que para defender nuestros intereses en Europa si lo han logrado. ¡Venga ya!. En países que han o están pasando por la misma situación que nosotros los pactos no han funcionado. Un pacto inútil como lo fue el de la izquierda y la derecha en Grecia o Italia, no tranquilizó ni evitó el ansia de la apisonadora Merkel. Es más, les metió aún más el dedo en la llaga, les impuso más recortes y les usurpó soberanía dando un golpe de estado institucional y poniendo en el gobierno a un grupo de tecnócratas elegidos por Bruselas en lugar de por los ciudadanos. Y el resultado ya se conoce, Monti (el designado) no se comió un colín e Italia de nuevo como un avispero. Es que lo oyes y parece que el acuerdo llegó en el bar del Congreso, ese economato de gente bien pagada que hacen las leyes para los demás y que no se las aplican a ellos, pues entre otras cosas está prohibido beber alcohol en el lugar del trabajo. Quizás por eso lo que han conseguido crear es un argumento patético convirtiendo etimológicamente su pacto en pathos. No quiero calentarme la chilostra con ello aunque espero y deseo que finalmente no acabe todo en un parto de un retoño no deseado y sobre todo si se parece a la teutona.
Y es que la cosa tiene guasa con estos acuerdos de chichinabo. Mientras este gobierno se dedica a rascar una y otra vez para sacar migajas, sin dedicarse a meter mano a aquello y aquellos que más tienen y más pueden. Donde cada día perdemos más derechos y libertades. Donde los esfuerzos siempre los pagamos los mismos. Donde los jueces son apartados de los casos para beneficiar, una vez más, a amigos y chorizos. Donde cada viernes al mediodía los acuerdos del gobierno tiene más seguidores que un Madrid-Barca, ya que en ellos se decide cómo nos apretaran aún más, ya no el cinturón, sino el pescuezo. Donde se decide que se tramite todo por internet, para ahorrar, pero no se explica porque un servicio que venden como gratuito al Estado le costará 16 céntimos o que aún hoy existen muchos sitios ya no con brecha digital, sino con zanja. Donde vuelve a bajar el petróleo pero sube la gasolina. Donde en lugar de buscar cómo sacarnos del agujero, estudian cómo sacar a Bárcenas de la cárcel; el lugar donde tenía que estar desde hace mucho tiempo junto con algunos iluminados dirigentes políticos que siguen en sus cargos tranquilos, impunes y libres de responsabilidad, aunque se conozca su nefasta gestión, todo ello porque son los que sustentan los aparatos de los partidos y de esta partidocracia.

Pero al final lo importante es el futbol. Lo importante es que estos escandalosos millonarios se lleven la tela y paguen solo el 25% de impuestos, o que ni siquiera los paguen pues lo hacen los equipos o directamente defrauden. Ya está bien que las oligarquías decidan los gobiernos y como estos han de actuar y que por ejemplo como premio un expresidente del Gobierno se siente en un consejo de administración de una eléctrica quizás recompensado porque en los 8 años de su mandato la luz subió un 80%. Ya está bien que en este Pais cada vez que se cambia de gobierno se cambie la ley de educación, eso si necesita un gran pacto, pero parece que aquí lo unico que importa es que los estudiantes aprendan a balar a coro el nombre del ministro ¡weeeerrrrt!

Pues a pesar de todo eso y mucho más, que ni me vaga ni tengo sitio para relatar, saldremos adelante pues como decía el caballero de la triste figura: «Cosas veredes amigo Sancho…», y aquello que no imaginábamos que íbamos a ver, como a Fidel reconstruyendo una Iglesia en Cuba junto a un Papa que luego renunciaría, resulta que pasan. Pues si eso es posible, porque no va a ser posible que estos patanes se pongan de acuerdo de una vez y hagan algo por los paganos en lugar de favorecer a tantos bribones y malandrines.
De todo ello y como ni estos ni nadie nos podrá quitar nuestra guasa vaya como despedida la aventura de Quijano y Panza con el caballo Clavileño y la visión del rebaño de cabras: «Ni miento ni sueño -respondió Sancho-: si no, pregúntenme las señas de las tales cabras, y por ellas verán si digo verdad o no. Dígalas, pues, Sancho -dijo la duquesa. Son -respondió Sancho- las dos verdes, las dos encarnadas, las dos azules, y la una de mezcla. Nueva manera de cabras es ésa -dijo el duque-, y por esta nuestra región del suelo no se usan tales colores; digo, cabras de tales colores. Bien claro está eso -dijo Sancho-; sí, que diferencia ha de haber de las cabras del cielo a las del suelo. Decidme, Sancho -preguntó el duque-: ¿vistes allá en entre esas cabras algún cabrón?. No, señor -respondió Sancho-, pero oí decir que ninguno pasaba de los cuernos de la luna.». (Cap. LXI Libro II) Salud.

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