viernes, 29 de noviembre de 2013

“Colmenas, zánganos y vividores”

En este País donde vivimos, algunos mejor que otros bien dicho sea de paso, mucho sorprende la tremenda desfachatez con la que cambian de opinión aquellos que dicen gobernar. Y es que lo que suelen decir para justificar un No o un Sí, dependiendo del lugar o el personal que tengan enfrente muchas veces chirria. Para justificar su propia contradicción rebuznan: “ahora es lo que toca”. Son muchos días los que nos topamos con estas situaciones. Uno llega y lee en los papeles, que los diputados del PP se encuentran satisfechos con el contenido de la conocida como Ley de Reforma Local. Para que lo entiendan, esa que pretende acabar con los pueblos. Digámoslo en su lenguaje: las pedanías pierden la condición de administración. Vamos que las pueblos pequeños pierden su condición dejándoles sin contenido funcional o competencial, no pueden hacer cosas pues no tienen competencia para hacerlo. Por ejemplo, no podrán solicitar subvenciones ya que no tienen capacidad legal para hacerlo. Y todo ello supuestamente para ahorrar 3.500 millones de euros, según Montoro. ¿Pero realmente quien los ahorra?. Claro no está, pero de momento a los 652 pueblos de la provincia de Burgos les costará dinero, entre 300 y 800 €. Ese es el módico precio que la Diputación ha tasado como coste para llevarles la gestión económica que necesitan para cumplir con lo que les requiere la Ley y en caso contrario desaparecerán y pasaran al ayuntamiento principal ¿y su patrimonio también? Esa es otra de las muchas lagunas pendientes.

Y es que en esta Partidocracia que nos dirige y pretende aborregarnos, no da lugar a otra cosa. Cuando se ocupan varias sillas con un mismo culo, posarlo en todas ellas al mismo tiempo se antoja complicado, por muy gordo que éste sea. Por ello, porque es imposible, aquí nos dicen arre y allí so. Y los del pueblo llano, a los pies de los caballos. No se puede votar según toca y te mandan, has de hacerlo por tus representados. Es por ello que me gusta recordar aquello que dijo Don Quijote: «Mira no me engañes, ni quieras con falsas alegrías alegrar mis verdaderas tristezas.». Y es cierto. Cuando el otro día le escuche decir a Montoro eso de que habíamos salido de la recesión, solo se me ocurrió pensar: ¿pero quién?, ¿Cómo no sea él y Emilio Botín, al que le llega dinero a espuertas?. No me salen las cuentas y me da la sensación que ese 0,1% que dicen hemos crecido, está muy lejos de notarse en casa del paisanaje, más bien lo contrario.

¡Que lejos están del vecino!. Que desorden en la organización. Cuando el otro puede disfrutar de una de las cosas más gratificantes que he podido hacer, al participar activamente en la cata y proceso de extracción de la miel, me di cuenta de dos cosas muy a mi pesar: lo humillante y duro que debe ser para una mujer llevar un burka. Y lo duro y humillante que es que pretendan tratarte como a una insignificante obrera, al servicio de zánganos y parásitos acoplados al olor de su miel. Sorprende la capacidad de esta comunidad para reponerse una y otra vez de sus anuales crisis. Sorprende el cariño y el trato con el que el mielero cuida de sus abejas y de sus colmenas. Nunca les quita más de aquello que les puede sobrar y siempre les ayuda cuando andan necesitadas o escasas de alimento. Eso es un buen gobierno, a pesar de que en su seno también existen castas y vividores a cuenta del trabajo de toda la comunidad.

Y quiero terminar mentando aquello que Don Quijote contaba de las bondades de los pueblos y de la abejas en su aventura con unos cabreros: «…Eran en aquella santa edad todas las cosas comunes: a nadie le era necesario para alcanzar su ordinario sustento tomar otro trabajo que alzar la mano y alcanzarle de las robustas encinas, que liberalmente les estaban convidando con su dulce y sazonado fruto. Las claras fuentes y corrientes ríos, en magnífica abundancia, sabrosas y transparentes aguas les ofrecían. En las quiebras de las peñas y en lo hueco de los árboles formaban su república las solícitas y discretas abejas, ofreciendo a cualquier mano, sin interés alguno, la fértil cosecha de su dulcísimo trabajo…No había la fraude, el engaño ni la malicia mezcládose con la verdad y llaneza. La justicia se estaba en sus proprios términos, sin que la osasen turbar ni ofender los del favor y los del interese, que tanto ahora la menoscaban, turban y persiguen.».(Cap. XI Libro I) Salud y miel.

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