jueves, 17 de octubre de 2013

“Alboroto de sensaciones”


Una de las cosas que tiene las redes sociales es que puedes dar calda sin exponer para nada tu culo. Digamos que puedes dar por ese lugar sin que sepan quien narices eres, sobre todo cuando lo habitual es que los usuarios utilicen un apodo, mote o nick. Por eso cuando Barcenas hizo su ya celebre peineta (moderna manera de definir cuando alguien te manden al lugar donde la espalda coge profundidad) a Rajoy se le debió cerrar el esfínter o lo que es lo mismo, apretó el culo al saber lo que se le venía encima. Y es que las redes sociales, principalmente twitter, permiten soltar comentarios o pensamientos rápidos casi en el momento de tener una sensación. Si escuchas algo que te agrada o desagrada lo largas y arreando. Por ejemplo, cuando a Marianocho le crece la nariz en el estrado y se calienta la boca con monsergas, a otros los dedos les queman y pueden soltar cosas como: «Si hombre. Y tu padre que tal mea».
Y es que en estos días cuando aprovechando el buen tiempo y que el País se para del todo y no solo por la crisis, al personal nos da por viajar, bueno a algunos, ya que otros dicen que no les gusta salir de su pueblo pues nada le aporta hacerlo. Y es que uno se pone de muy mala hostia y como sabe que los que mandan no escuchan, al menos sientes consuelo en airear y compartir tu desasosiego a los cuatro bits de Internet, con la seguridad de que alguien te entenderá y compartirá la frustración del ciudadano tullido, maniatado y vapuleado, en definitiva jodido por los que dicen nos gobiernan.
Buen invento eso de viajar. Aunque la mayoría de las veces vuelvas mas cansado que cuando marchaste. Aunque vuelvas con la cartera resentida y la espalda colorada. Y es que el alboroto de sensaciones que experimentas viendo, sintiendo, disfrutando, degustando o sencillamente cambiando de aire, de rutinas o de costumbres es indescriptible. Sobre todo descubriendo nuevas maneras o modos de hacer las cosas y quizás, por que no, a ver las cosas con otros ojos, como dice este espacio. Te das cuenta que la cuestión, por ejemplo, no es preguntarse que pueden hacer Las Merindades (o cualquier otro lugar donde vivamos) por nosotros, sino que podemos hacer nosotros por ese lugar. Pero de todo ello me ha decepcionado la perdida generalizada del entorno rural. El desarrollo ficticio basado en modos y maneras de crecimiento de las ciudades llevado a los pueblos ha supuesto en la mayoría de los casos la perdida total de su propia esencia y razón. Una planificación insostenible y nada sustentable determinada por una copia de la ciudad trasladada al mundo rural a deshumanizado éste y convertido el mismo en pequeños barrios sin orden ni concierto. Si esto le añadimos la crudeza con la que la crisis ha golpeado a ese modelo nos encontramos con un enorme basurero urbanístico de imposible vuelta atrás.
El desarrollo rural no tiene que basarse en modelos urbanos, pues ya la realidad nos deja claro que nada tienen que ver. Establecer modos y maneras urbanitas en nuestros pueblos hará que paulatinamente los negocios y el hábitat tradicional desaparezcan definitivamente. Y si no para eso están los políticos y su política de reformas de la administración local para encargarse de acabar con lo poco que queda del mundo rural. Precisamente ahora cuando las telecomunicaciones pueden cambiar las pautas de desarrollo es cuando se hace más necesario evolucionar hacia entornos más acordes y más cercanos al siglo XXI. Es ahora cuando la política real, no aquella basada en el arte de servirse de los ciudadanos haciéndoles creer que se les sirve a ellos, ha de apostar por soluciones tecnológicamente ciertas, nada de querer hacer costosas consultorías a partir de colocar avances tecnológicos vendidos en la ciudad y de nula e imposible implantación en nuestros pueblos. Se ha de creer y hacer política tecnológica. ¿Pero eso que quiere decir?. Pues sencillamente que se ha de apostar por planes de desarrollo que eliminen la brecha digital, que ayuden a implantar otros modelos de crecimiento sin castigar nuestro entorno, sin agujerear nuestro suelo, sin destrozar nuestro futuro y sobre todo que permitan que nuestros hijos puedan crear sus negocios en nuestra tierra con las mismas oportunidades que en la ciudad y sin tener que depender de la rentabilidad económica que las grandes operadoras necesitan para acercar la tecnología a nuestros hogares.
Hasta el propio Cervantes menciona un avance tecnológico anterior a su época, sin el cual quizá el Quijote no habría obtenido la difusión que consiguió y no fue otro que la imprenta, que ya tenía siglo y medio de antigüedad en Europa y medio milenio en China. Cervantes refleja la importancia de esta haciendo que don Quijote visite una durante su estancia en Barcelona, justo después de la aventura de la cabeza parlante: «Sucedió, pues, que yendo por una calle alzó los ojos don Quijote y vio escrito sobre una puerta, con letras muy grandes: "Aquí se imprimen libros", de lo que se contentó mucho, porque hasta entonces no había visto imprenta alguna y deseaba saber cómo fuese. Entró dentro, con todo su acompañamiento, y vio tirar en una parte, corregir en otra, componer en ésta, enmendar en aquélla, y, finalmente, toda aquella máquina que en las imprentas grandes se muestra. Llegábase don Quijote a un cajón y preguntaba qué era aquello que allí se hacía; dábanle cuenta los oficiales; admirábase y pasaba adelante».(Cap. LXII Libro II) Salud.    

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