domingo, 16 de noviembre de 2014

“La Revolución de los sentidos y las emociones”



Este mes el corrido creo que muchos se pensarán me venía sencillo. Entre el foráneo mercadeo de jalogüin y los chorizos patrios, la cosa parecía clara de uebo. Pero no, mira por donde largaré sobre otra cosa, pues ya se ocupa la caja tonta de adoctrinar a la gente sobre el peligro rojo que acecha lustrosas poltronas de mandantes y mangantes. Pero aun así no es menos cierto y conviene recordar, que las cosas se han de llamar por su nombre y repetir aquello que dice que dejar de ser presidente o ministro del gobierno y ser contratado por un montón de pasta para asistir algunas veces al año a los consejos de administración de Iberdrola, Gas Natural o Endesa, eso no es lo que ahora llaman puerta giratoria, eso es codicia, afán excesivo de riquezas, llevárselo crudo o forrarse con descaro. Todo ello nos lo cuentan muy clarito en el documental “La Gran Estafa” del escritor y video-creador Simonfilm (http://www.youtube.com/watch?v=HSh8-uQw9Ag), donde explica el cambio de papeles que se produce entre los políticos y los sectores afectados por la legislación que los políticos crean.
 
Al hilo de lo anterior, Miguel Ángel Revilla nos explicó el otro día, en el acto de Iniciativa Merindades en Villarcayo, que en su opinión solo con 4 cosas se acabaría con los sinvergüenzas y la gente volvería a creer en las instituciones. Que paguen los ricos. Que a los jueces no les nombren los políticos. Que se acabe con los paraísos fiscales. Y que los políticos no puedan entrar en las empresas a las que han beneficiado. Parece sencillo, pero ¿quién pone el cascabel al gato?. A estas cuatro cosas añadiría una quinta de mi cosecha, pregonar el optimismo para que el sistema gire, porque la gente recuerda un tercio de lo que lee, la mitad de lo que escucha, pero recuerda todo lo que siente.
 
Y llegados a este punto, hastiados de hablar, oír, ver y leer sobre chorizos y robaperas, quisiera desde aquí dar una perspectiva diferente y mirar con otros ojos a esta noble tierra de Las Merindades y por extensión a todas las de este nuestro gran País: una mirada al optimismo. Parafraseando al gran Andy Stalman (http://www.brandoffon.com) y tomando prestadas sus palabras, comienzo con aquello que dice: “La próxima revolución será la de los sentidos y las emociones”. Y por ello creo que Las Merindades no son los logotipos de las instituciones o las organizaciones. No son sus pueblos por separado. Las Merindades somos cada uno de nosotros y lo que hacemos en ellas. Son la tradición, la cultura, la emoción, la comida, el paisaje, la historia, el trato. También son la interacción que hacemos cada día en las redes sociales o nuestras anónimas actividades cotidianas. Las Merindades tienen que ver con la construcción de algo original, porque tiene aspectos tangibles e intangibles que nadie más tiene, tiene cosas para decir que nadie más puede. No se pueden imitar Las Merindades. No hay arquitecto que pueda imitar sus construcciones, ni escultor que pueda esculpir su paisaje o escritor que pueda contar su historia. Todo ello es lo que la gente dice, siente y piensa. Todo eso son Las Merindades.
 
Y no se trata de ser grande, de cantidad, recursos o población, hay que ser grande en la actitud. El optimista siempre tiene en la mano un proyecto. El pesimista siempre tiene a mano una excusa. Por eso ahora que vienen tiempos de decidir, meditar, ser uno mismo,  debemos lograr que esa masa borreguil que creen que somos aquellos que mandan, se convierta en fuerza, en movimiento. Debemos elegir el bando de los optimistas, no solo porque van a crear un presente mejor, sino un mejor futuro, un futuro más alentador. Pues el tamaño que importa es el de la actitud con la que cada uno encaremos el día a día. Tenemos que tomar la iniciativa, recuperar lo que nos corresponde, acabar con lo rancio, girar este sistema para hacerlo mejor. Porque la historia que se construyó no hay que usarla como sofá, sino como trampolín. Debemos hacer esa revolución, ese encuentro entre un pasado increíble y un futuro prometedor. También don Quijote, después de la lucha con los carneros que tan caro les había costado y viendo a Sancho con muestras de mucha tristeza, pero teniendo claro que haciendo lo que deben, el éxito llegará tarde o temprano, le dijo: « Sábete, Sancho, que no es un hombre más que otro, si no hace más que otro. Todas estas borrascas que nos suceden son señales de que presto ha de serenar el tiempo y han de sucedernos bien las cosas, porque no es posible que el mal ni el bien sean durables, y de aquí se sigue que, habiendo durado mucho el mal, el bien está ya cerca. Así que no debes congojarte por las desgracias que a mí me suceden, pues a ti no te cabe parte dellas. » (Cap. XVIII Libro I) Salud e #Iniciativate

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